Mi ocupación oficial, es decir la que me da dinero para vivir, es ser librera. Llevo más de veinticinco años ejerciendo esta profesión y, pese a sus momentos grises, que todo trabajo sufre, me siento muy orgullosa y satisfecha de ella. Al igual que los momentos grises otra ley de cualquier oficio es tener una serie de maldiciones más o menos llevaderas. En el caso del mío de librera hay dos que son gravosas, como amante lectora que soy: no poder librar el 23 de abril, Día del Libro y tener que trabajar casi todas las Ferias del Libro de Madrid, pues es allí donde siempre he trabajado en distintas librerías. Durante más de veinte años me ha sido imposible celebrar el Día del Libro como amante lectora y sólo este año, que no estaba trabajando, he podido acudir al fin a Barcelona y vivir la increíble experiencia que es Sant Jordi. Por otro lado, he tenido que trabajar en la Feria del Libro de Madrid en los últimos once años.

Llegados a este punto, os andaréis preguntando, si es que seguís leyendo, qué tiene que ver mi vida laboral y sus dramas con Pilar Pedraza, la protagonista de esta entrevista. Pues mucho, porque resulta que en esos once años de Ferias del Libro laborables por mi  parte no he podido nunca acudir a ver a Pilar Pedraza y su acostumbrada visita a la caseta de la editorial Valdemar. Pilar Pedraza ha venido prácticamente todos los años a la Feria del Libro de Madrid a firmar sus obras y yo me he perdido esa cita año tras año y he tenido que conformarme con mandar a mi marido para que me consiguiera su firma. Triste consuelo, porque jamás la pude ver en persona en todos estos años.

Para mí Pilar Pedraza es nuestra mejor autora de literatura de terror, fantástico macabro o cualquier etiqueta que queráis poner a su narrativa repleta de oscuras maravillas, obsesiones humanas eternas y de una prosa sublime como pocas. Tiene más de quince libros de ficción (novelas y cuentos) y doce ensayos centrados en el tema del arte, el cine y la mujer. Leerla, en cualquiera de sus vertientes, es disfrutar de la sabiduría de una de las mujeres más cultas e inteligentes de este país. Para mí es toda una institución y no exagero.

A finales del pasado año se presentó por vez primera la convocatoria Terroríficas por parte de la editorial Palabaristas, con el objeto de seleccionar por concurso a diez cuentos de terror escritos por mujeres. Dicha antología está a punto de salir como libro publicado este verano. Yo he tenido el honor de ser una de las escogidas y que me perdonen, tanto Palabaristas como sus seleccionadoras (Nuria C. Botey y María Jesús Sánchez), pero la emoción mayor me asaltó cuando me enteré que Pilar Pedraza sería la madrina de la antología más que al saber que habían elegido mi cuento Edificios muertos. Me puse a llorar como una cría. Como el pasado sábado 9 de junio me puse a temblar cuando al fin, al no trabajar este año ese día, pude acercarme a la caseta de Valdemar a conocer en persona a Pilar Pedraza. He podido pedir personalmente que me firmara dos de sus libros (uno de ellos el último El amante germano, 2018, libro que me ha encantado y recomiendo a todo amante del Imperio Romano y lo tenebroso), he podido charlar un rato con ella y ha sido más que amable conmigo y mis nervios al contestarme a estas preguntas. Mil gracias por tanto.

Tu última novela, El amante germano, la he leído como si fuera una mezcla de relato histórico (tiene una más que sólida ambientación del momento en el que se desarrolla la trama dentro del Imperio Romano) y de relato macabro-tenebroso. Corrígeme si me equivoco, pero siempre has sido amante de hacer mezclas e híbridos en tu ficción.

Mucho. Es algo que me atrae sobre todo en el tratamiento de seres entre fronteras, entre dos mundos. En El amante germano, como en otras obras, es manifiesto el claro contraste y a la vez la atracción entre lo vivo y lo muerto.

Igualmente, en tus historias siempre están presentes las grandes pasiones o los grandes miedos que nos acosan desde el inicio de los tiempos. Concretamente en El amante germano, aunque esto también ocurría en otras de tus obras, se representan los temas del amor y la muerte. ¿Es esta tu historia más clara a la hora de enlazar ambos clásicos aparentemente opuestos?

En realidad, en mayor o menor medida son temas presentes en todas. Quizá más claramente en mi novela La pequeña pasión. Pero se trata de un amor no institucional con la figura de la mujer como eje defensor de la necesidad de ese amor fuera de lo siempre establecido y normalizado. Por ello en El amante germano la joven y noble romana Valeria se enamora de un extranjero (en sus orígenes su familia es bárbara, son germanos, aunque sean fieles al emperador) que además fallece antes de formalizar matrimonio. Es un amor entre opuestos en todo momento.

Próxima Nigra, la hechicera de El amante germano, es una mujer fuerte, inteligente y con carácter. Es el tipo de mujer compleja y férrea que has tratado en muchos de tus escritos. ¿La figura de la bruja o hechicera te parece en cierta manera un icono de la lucha de la mujer? ¿una figura poderosa que defiende su libertad e individualidad más allá de la sociedad patriarcal que la rodea?

(Se ríe) Yo me declaro una feminista socialista. Mis personajes femeninos no tratan de imponer nada, de reivindicar de manera radical  por encima, quiero decir. Ellas exigen al patriarcado una igualdad, tener su propia voz y que esta sea respetada siempre. Ante todo me interesa esa petición de la voz, el deseo de ser respetada. En la antigüedad las mujeres que eran calificadas como brujas o hechiceras actuaban como parteras y atendían otras urgencias médicas, pero en la mayoría de los casos se les negaba el tratamiento de doctoras, sólo por ser mujeres. Y en muchos incluso terminaban en la hoguera. (Respecto a este tema recomiendo el ensayo Brujas, sapos y aquelarres, 2014, editorial Valdemar, escrito por la propia Pilar Pedraza)

Estamos en año Frankenstein (200 aniversario). ¿En El amante germano pretendiste hacer un homenaje a la criatura de Mary Shelley con la creación del muñeco viviente erótico?

No, no lo tenía en mente. En realidad, tiene más que ver con un tema que me interesa y ya traté en mi ensayo Máquinas de amar. Secretos del cuerpo artificial, 1998. Un ensayo que te recomiendo pues veo que te interesa mucho ese aspecto de mis obras, pero por desgracia está descatalogado. Es una obra que se adentra mucho en el estudio del muñeco, el autómata y su posible uso erótico-sexual.

Este año estás actuando como madrina de la antología Terroríficas, ¿cómo ha sido esa experiencia?

Fenomenal. Como feminista socialista apoyo mucho ese tipo de iniciativas y me ha encantado que me ofrecieran la oportunidad de ser la madrina, aunque no quiero convertirme en un hada madrina (ríe, justo en ese momento ha llegado Nuria C. Botey, una seleccionadora de Terroríficas y también está hablando con ella). Deseando que me manden el libro físico para leer bien toda la antología.

Respecto al panorama actual editorial, ¿qué autores o autoras actuales de literatura de terror lees?

En ese terreno no leo actuales, sigo leyendo mucho a clásicos, sobre todo.

El genial autor de género fantástico Richard Matheson no creía en las etiquetas literarias de género que imponen los estudiosos o, peor aún, las editoriales como producto de marketing. Él decía que “una buena historia era una buena historia”. ¿Qué opinas tú de las etiquetas y las clasificaciones de géneros literarios?

Por una parte, hay que pensar en las etiquetas, cuando son estrictamente aplicadas por criterios de géneros literarios, como una guía para cualquier lector, algo que no es malo, para que los distintos públicos puedan saber qué es qué en función de sus preferencias. Pero, por otra parte, yo creo en la literatura, no en los géneros en sí mismos. En este sentido no podemos caer en el simplismo de este libro sí, este no, o este género sí, este no… Y sobre todo ese otro simplismo de las mujeres escriben bien o no.

Sé, como escritora, que para una sus libros son como hijos y los quiere como una madre. Pero ¿hay alguno al que quieras más?

Tengo que recordar como mi hijo preferido, un hijo difícil y molesto hacia fuera porque la crítica no lo reconoció y lo rechazaron bastante. Este es La pequeña pasión A mí me encantó (le confieso y ella se sonríe agradecida). Y si he de pensar en una hija favorita yo diría Las fases del rubí.

Hoy en día hay mucha gente con deseo de ser escritor más que de escribir. Así, por ejemplo, en las bibliotecas de la Comunidad de Madrid, donde yo imparto clubes de iniciación de lectura de ciencia-ficción, es más habitual que los talleres de escritura estén a rebosar de participantes, antes que los de lectura. ¿Qué nos recomiendas a todo escritor o escritora aficionad@?

(Vuelve a reír) Ante todo leer mucho y ser siempre perseverante. Probar una y otra vez en el circuito de los premios literarios. Escribir mucho, pero siempre con pasión, porque si no la transmites a tus historias será difícil que estas lleguen a ningún lector. Y es muy importante no pensar que uno va a vivir de la literatura, porque algo así es casi imposible. Yo durante toda mi vida laboral he ejercido de profesora universitaria e investigadora y he tenido que compaginar esa jornada con mis momentos de escritura. Ha sido una experiencia durísima la de tener que compartir la literatura con el trabajo que me mantenía realmente. Ahora, que soy jubilada, puedo disfrutar más de escribir sin más.

Me despido de mi adorada Pilar Pedraza dándole las gracias por todo (sobre todo por escribir) apretándole con cariño las manos. Ojalá así se me pegue algo de su no pequeña sino enorme pasión por escribir.

Texto: Begoña Pérez Ruiz


					

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