Nos encontramos en la Gran República del Asia Oriental (anteriormente conocida como Japón), un territorio sometido a una dictadura y controlado por una férreo sistema policial. Cada cierto tiempo, el gobierno elige a una clase de alumnos en sus últimos años de instituto para combatir en el juego conocido como Battle Royale. El juego se desarrolla en una isla previamente desalojada de todos sus habitantes y marcada por zonas, algunas de estas son mortales de manera aleatoria. Cada estudiante participante recibe una mochila con una mapa, algo de comida y agua, una linterna y un arma al azar (u objeto que se supone puede usarse como tal). Cada joven lleva colocado en el cuello un collarín que explota en caso de que intente escapar, haga trampas o se encuentre en zona prohibida. A los organizadores no les gusta que los estudiantes se unan por grupos, pretenden que cada uno de ellos marche independiente y hacen lo posible para que así sea.  El juego termina cuando sólo queda un vencedor o vencedora, sólo un estudiante puede quedar vivo.

A los que aún no conozcáis este libro apuesto a que os habrá llegado el eco de novela distópica con resonancias de Los Juegos del Hambre. Pues no os apresuréis a juzgarlo como plagio o como libro a la estela de los de Suzanne Collins, pues lo cierto es que Battle Royale es anterior, concretamente se publicó en Japón en 1999. No seré yo la que polemice sobre si Suzanne Collins se basó o no en este fantástico libro. Para ser justos, ya en 1979 Stephen King, bajo el seudónimo de Richard Bachman publicó una maravillosa novela para jóvenes titulada La larga marcha. Os contaré el argumento de esta novela de King, por si volvéis a oír ecos: Cada año cien adolescentes son obligados a participar en el deporte nacional de un distópico EEUU, dirigido por una oscura figura conocida como El Comandante. Dicho deporte, llamado la larga marcha, consiste en una caminata desde Canadá a la costa este de EEUU, sin paradas, sin descansos y marcando un ritmo fijo sin cesar, salirse de las normas supone la muerte por ejecución directa, aunque muchos mueren sólo por el esfuerzo físico y mental o sus consecuencias. No hay una meta clara, la marcha termina cuando sólo queda un ganador que recibe el premio que desee por el resto de su vida. Bueno, a estas alturas de mi reseña ya no parece tan original el planteamiento de Los Juegos del Hambre, me temo que el dicho no hay nada nuevo, salvo lo que se olvida es bastante acertado. Y que conste que disfrute mucho con la lectura de Los Juegos del Hambre (al menos de sus dos primeras entregas), aunque sigo odiando Sinsajo. Sinceramente, no parece ni estar escrito por la misma autora de los dos primeros libros, esa forma acelerada de rematar malamente todo, ese cambio repentino de las mentalidades y particularidades de sus protagonistas que parecen otros, muertes ridículas y poco épicas de más de un personaje… En fin, no vengo hoy a hablaros de Sinsajo, sino de algo infinitamente mejor: Battle Royale.

Lo que más asusta de esta historia cuando empiezas a leerla no son todas las escenas violentas o gores que describe, si no la lista de 42 nombres japoneses (21 chicos y 21 chicas) que participan en el juego. Al principio no haces más que pensar, cielos, cómo me voy a acordar de quién es quién con estos nombres. Pues no os preocupéis, en cuanto la novela avanza y lo hace a un ritmo mortal y trepidante, enseguida te aprendes los nombres, al menos los de los protagonistas más destacados (Shogo y Shuya, cómo os amo a los dos). La historia no tiene un componente épico tan marcado como Los juegos del hambre, los personajes no tienen el halo de heroína de Katniss, aunque el final de Battle Royale, que por supuesto no voy a revelaros, con sacrificio incluido, es glorioso. Lo que sí tiene esta historia es una marcada crítica ético-moral a nuestra adoración por la competitividad individual, lo que desde su publicación le otorgo la fama de novela polémica y de culto.

Lo mejor sin duda, al margen de los pensamientos filosóficos y las opiniones que desprende, son los personajes que pueblan estas páginas. Los hay de todo tipo dentro de la raza humana que representan: salvajes, sádicos, perturbados en mayor o menor grado, normales, sentimentalistas… Todos metidos a presión en una olla mortal que provoca situaciones cargadas de humanidad, para bien o para mal, que el autor nos muestra con una pericia que enmudece al lector. Hay muchas secuencias crudas y crueles, no os lo puedo ocultar, como hay escenas del más tierno amor, de amistad y de enorme emoción, porque la raza humana, en situaciones extremas, es capaz de lo mejor y lo peor. Y este libro da fe de ella con una historia que atrapa desde la página uno y que no puedes aparcar hasta su final.

Lo peor de la novela, aunque no debéis privaros de su lectura por algo tan poco significativo dentro del conjunto total, es que la prosa del autor no es demasiado elegante y sí algo repetitiva, además de ciertos matices machistas al describir algunas escenas o personajes. Pero me temo que esto último es inevitable, teniendo en cuenta la nacionalidad japonesa del autor.

Tras el éxito del libro, se hicieron dos películas y un manga de varios volúmenes basado en la novela. Tanto las películas, como los cómics difieren en varios aspectos respecto al libro original, especialmente en el tratamiento de ciertos personajes y sus acciones.

Yo os recomiendo, encarecidamente, que si queréis adentraros en el universo de Battle Royale, empecéis por el maravilloso libro, no apto para estómagos sensibles.

Texto: Begoña Pérez Ruiz

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