Estamos en el año 2112.  La nave espacial Mesmeren, procedente de Oberón (satélite de Urano) está a punto de llegar a la estación espacial Antares, como estaba previsto. Lo que no estaba previsto es que sus veintiún ocupantes hayan fallecido durante un viaje por un fallo en el sistema de hibernación. Leonor Zabalza, doctora en psicología cibernética, será la encargada de analizar a Fred, el ordenador que dirige la Mesmeren, con el fin de saber qué ha pasado.

Ante todo he de felicitar a SM por dos cosas: la atractiva portada de este libro y su publicación en sí. Llevaba mucho tiempo sin disfrutar de la lectura de un título de Gran Angular, creo recordar que la última vez que lo hice fue de la mano de Rosa Huertas, autora que me encanta, y su novela Bajo la sombra del Greco.

Los diamantes de Oberón ha sido toda una grata sorpresa, a cuya lectura me vi desde el principio atraída dada la temática de ciencia-ficción. Si bien confieso que las primeras páginas me desconcertaron un poco y estuve tentada de abandonar la historia, ya que el humor, demasiado simple del inicio, me sacaba de la narración. Es cierto que es la primera vez que leía algo de Fernando Lalana, un autor acostumbrado a usar el recurso del humor en muchos de sus libros. Pero una vez que me acostumbré al estilo narrativo propio del autor, disfrute alegremente de la novela. Sobre todo cuando a la protagonista principal, Leonor Zabalza, se le une el otro personaje central, Fred, el superordenador único encargado de pilotar y atender la nave Mesmeren.

La historia, con ambientación futurista, plantea un misterio: la muerte de veintiuna personas en un inexplicable incidente durante su hibernación a bordo de la Mesmeren. Puesto que la nave no dispone de ningún otro ocupante, salvo sus pasajeros muertos durante el sueño inducido, parece evidente pensar que el autor de los asesinatos ha sido Fred, la inteligencia artificial. Llegar a esta conclusión se antoja inevitable, no sólo por el escenario que plantea la novela, si no por los antecedentes en otras historias de ciencia-ficción de literatura y cine, donde el asesino siempre es una máquina que se ha vuelto demasiado humana (un recuerdo especial para Hal 9000, el ordenador de 2001, odisea en el espacio). Recuerda al dicho de ciertas historias policiacas el asesino es siempre el mayordomo. No seré yo la que revele en esta reseña quién es el culpable de las muertes, ni sus verdaderos motivos…  Porque, como bien indica el título, hay que tener en cuenta que, a parte de los muertos, la Mesmeren transporta valiosísimos diamantes de Oberón, cuyo valor bien podría ser el móvil de múltiples asesinatos.

Pero, además del misterio de las muertes, existe el enigma adicional de que en la Mesmeren también viaja el cadáver de una mujer, que resulta ser la propia doctora Leonor Zabalza, encargada de resolver si Fred ha asesinado a sus viajeros o ha sido víctima de un virus informático. Así que: ¿Cómo es posible que Leonor esté viva y muerta a la vez?  Tardé unas páginas en dar con la respuesta de este segundo enigma, que a priori se antojaba más complicado que el primero. Y si conseguí saber qué estaba pasando fue gracias a mi experimentada formación como aficionada al género de la ciencia-ficción, es decir, que lo solucioné por ser bastante friki. Pero no lanzaré ningún spoiler sobre esto, como tampoco sobre el final de la novela. Confesar, eso sí, que no tuve claro quién era el verdadero culpable de las muertes, ni cómo se solucionaría el asunto hasta llegar a las últimas páginas del libro.

Debido a la poca extensión del libro no hay un gran número de personajes con los que profundizar en la historia, si bien los pocos que desfilan por la novela están bien perfilados y la relación entre Leonor y Fred es de lo mejor de la trama. Me encanta la naturalidad de la doctora en todas las situaciones por las que atraviesa, y también su inteligencia, ambas cosas la convierten en una heroína poco corriente. Y Fred, desde luego, es el perfecto ordenador que ha sobrepasado a sus creadores. Gracias a las reacciones de ambos la historia se hace la mar de entretenida y sumamente creíble, que disfrutarán por igual aficionados o no de la ciencia-ficción.

En definitiva, pese a ciertos momento de humor absurdo que no me cuadraban demasiado y pese a que eche de menos más páginas y un tratamiento más amplio de los personajes, he disfrutado mucho de esta novela. Ha sido una sorprendente y refrescante lectura que recomiendo a todo el que quiera pasar un buen rato de la mano de un gran autor español.


Texto: Begoña Pérez Ruiz

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