El rey Sikrosio, hijo del conde Olar, decide fundar su propio reino, contando con sus tierras y las que va invadiendo. Dicho reino se va expandiendo y haciendo mayor gracias a las victorias de sus cruentos reyes y a la brutalidad de su gobierno. El rey Volodioso, hijo de Sikrosio, hará más prósperos sus dominios, al casarse con la pequeña Ardid, una niña que procede del sur y que encierra en su corazón el deseo de vengarse del mismo rey que es su marido.

Odio ser mayor, y no lo digo de la manera frívola que otros hacen al quejarse de cumplir un año más. Lo mío es más complicado que el simple sufrimiento por acumular arrugas. No, tampoco padezco el síndrome de Peter Pan, no tengo una enfermedad, pero sí el deseo de seguir siendo niña, de mantener vivo en mi interior mi espíritu infantil. Creo, sinceramente, que este mundo funcionaría mejor, de una manera más fluida y natural, si todos mantuviéramos vivos la imaginación y la emoción de la infancia, esas ganas de vivir libres y alegres. Sí, soy demasiado inocente al pensar así, pero es mi yo niña, que suele pasear por mi cabeza.

Si os comento esto es para dejar claro que Olvidado rey Gudú, un libro maravilloso y uno de mis favoritos, es un hermoso canto a la infancia perdida y el dolor por no poder recuperarla. Confío en no soportar nunca ese dolor, pues aunque fisiológicamente dejé atrás hace años mi infancia, parte de mi mente y sobre todo mi alma no se aleja de ese estado, por fortuna. La propia Ana María Matute comentó una vez: “La infancia es el periodo más largo de la vida”.

Tardé muchos años en leer Olvidado rey Gudú, desde su publicación en 1996 siempre había sido una de mis lecturas pendientes. Como devoradora de literatura fantástica, me atraía esta novela de fantasía épica ambientada en la Edad Media. Pero, por desgracia, siempre lo tenía en mi lista de libros por leer. Y he de ser sincera, aunque me avergüenza, al final acabé leyéndolo el verano pasado, poco después de la muerte de su autora, Ana María Matute. Detesto que la gente compre libros de escritores que acaban de morir sólo por eso, como si en vida no importaran sus obras. Así que leerlo en aquel momento no es motivo de orgullo. Aunque me sentí obligada a hacerlo, después de posponer tanto tiempo esa lectura. Cuando acabé de leerlo lamenté enormemente tres cosas: leerlo recién muerta su autora, no haberlo leído antes y que aquella extraordinaria historia sólo tuviera unas ochocientas páginas que se me hicieron muy cortas.

Es cierto que la parte inicial del libro puede parecer densa al ser una sucesión de guerras, muertes y traiciones, con unos personajes de nombres chocantes. Pero una vez que el lector se deja arrastrar por las tierras de Olar, ese mundo lleno, no sólo de humanos corrientes, sino también de seres mágicos (magos, trasgos, ondinas…), no podrá dejar de disfrutar de una historia plagada de escenas y personajes inolvidables (cómo lloré con mi querido Almíbar y cómo me emocioné con Contrahecho). Todo aquel que ame un buen cuento, de esos mal llamados infantiles o de hadas, no puede dejar de leer este libro, puesto que él mismo con sus princesas, piratas, guerreros, criaturas mágicas… encierra la voz de cientos de cuentos clásicos.

Pese a que el título apele a uno de sus personajes centrales, el rey Gudú, en realidad la protagonista de la novela no es otra que Ardid. Aparece en la trama siendo sólo una niña pequeña, con la única posesión de su gran inteligencia, tras haber perdido a toda su familia asesinada en las guerras contra el rey Volodosio. Ayudada por un viejo mago y un curioso trasgo aficionado al vino y a los sentimientos humanos, conseguirá casarse con el rey y darle por hijo a Gudú. Ardid, gracias a su belleza y a su brillante mente, podría disponer de una vida acomodada y feliz, pero su cerebro y su corazón están cegados por su deseo de venganza. Ese deseo le hará abandonar prematuramente su infancia, si bien la propia Ardid no se da cuenta de de la gran pérdida que supuso este abandono hasta que ya es demasiado tarde. Personajes como Almíbar, la princesa Tontina o seres alegóricos como el Árbol de los Juegos, recordarán en todo momento durante la historia la importancia de disfrutar de la infancia y el dolor que supone dejarla atrás y no volver a ella.

Pero el rechazo de la infancia por parte de Ardid no será su único error, de hecho su mayor pecado será considerar el amor como algo pernicioso que sólo puede frenar su futuro. Es por ello que consigue que su hijo Gudú no sea capaz de disfrutar de dicho sentimiento, sin saber que con ello no le está haciendo más fuerte, si no condenándolo a un destino oscuro.

Olvidado rey Gudú no sólo es una historia que merece ser leída por la riqueza de personajes y aventuras que desarrolla, así como por las hermosas metáforas y alegorías que plasma sobre la vida misma. Una novela llena de pasiones, sentimientos y reflexiones. Todo un retrato vívido y hermoso de la existencia humana. Más allá de la mera exposición del sinsentido de las guerras, es una defensa absoluta de la necesidad de vivir una infancia plena y no ver en el amor ningún enemigo.

Es, además de todo ello, un libro escrito con una prosa exquisita, por la pluma de una de las mejores escritoras de habla hispana de la historia. La riqueza de su estilo narrativo y su corrección a la hora de describir es admirable. Bajo mi punto de vista, uno de los mejores libros de fantasía épica escritos en castellano.

“Si no hubiese podido participar en el mundo de los cuentos y si no hubiese podido inventarme mis propios mundos, me habría muerto”.
Ana María Matute

 Texto: Begoña Pérez Ruiz

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